miércoles, 19 diciembre 2018
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El Auge de los Libros E-mail

 

Es hasta mediados del Siglo XVIII, una vez que el libro ha superado las dificultades tecnológicas que le impedían convertirse en una mercancía, que este inicia su rápido ascenso dentro del gusto de las minorías ilustradas de la sociedad.


libreriaLa invención de la imprenta y el desarrollo del papel, así como la aparición de centros de divulgación de las ideas, permitieron la aparición del escritor profesional que depende de editores y libreros principalmente y ya no del subsidio público o del mecenazgo de los nobles o de los hombres de dinero.


Además, de los desarrollos tecnológicos antes referidos, existe también una innovación comercial que convierte al libro en una mercancía al acceso de los plebeyos y de los pobres, que consiste en las librerías ambulantes, donde el librero cobra una cantidad mensual para prestar libros, que al ser devueltos le permiten al lector-usuario recibir otro a cambio.


El mismo libro, se convierte en un avance que da distinción a los lectores como progresistas en un siglo en que el progreso es en sí mismo una meta social ampliamente deseada y a la que pueden acceder por igual nobles y plebeyos, creando una meritocracia de nuevo cuño.


A pesar de lo anterior, la minoría que cultiva el gusto por el libro se encuentra entre los nobles y las clases altas y cultivadas de los plebeyos, pues sólo estos grupos sociales saben leer y escribir, lo que representa el factor cultural adicional para el inevitable auge del libro.


Otro factor importante para fomentar el aprecio por los libros, lo fue la Censura que si bien data de períodos anteriores a los siglos XVII y XVIII, es precisamente en esta época cuando adquiere mayor relevancia puesto que los libros se producen por millares, multiplicando en esa proporción la posibilidad de difundir ideas que el Estado desea que no se divulguen.


En 1757, se publicó en París un decreto que condenaba a muerte a los editores, impresores y a los autores de libros no autorizados que se editarán a pesar de carecer de dicha autorización, la draconiana medida fue complementada con un decreto que prohibía a cualquiera que no estuviera autorizado a publicar libros de tema religioso, en 1774, otro decreto obligaba a los editores a obtener autorizaciones antes y después de publicar cada libro y en 1787, se ordenó vigilar incluso los lugares libres de censura.


Estas medidas lo único que lograron fue aumentar el precio de los libros y obligar a los libreros ambulantes a no incluirlos en su catálogo, con lo cual incrementaron el negocio de los libros prohibidos, que de esta manera tenían un mayor precio y despertaban un mayor interés entre la clase alta que podía pagar el sobre valor, con lo cual se fomentaron en el exterior, en Londres, Amsterdam ,Ginebra y en toda Alemania, las imprentas que publicaban libros en francés, así fueron editados hasta la saciedad Voltaire, Rousseau, Holbach, Morell y muchos más, cuyos libros eran transportados en buques que anclaban en Le Havre, Boulogne y Bordeaux, desde donde los propios nobles los transportaban en sus coches para revenderlos en París.


En tanto la censura se volvió inefectiva e incluso los censores, utilizaron la censura como medio para promover a astutos escritores y editores. Así por ejemplo, Cuadno el todopoderoso ministro Malesherbes revocó la autorización para publicar la Encyclopédie, fue él mismo quien protegió a la obra cumbre de la iluminación para después distribuirla de manera más libre, lo mismo hizo para proteger Emile y La nouvelle Éloise.

 
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